Padrinos de bautismo, unos segundos padres para tu bebé

Los pradinos de bautismo de un niño son reconocidos como tal supuestamente para cuidar a ese niño en el caso de que sus padres fallezcan y como finalidad prioritaria la de acompañar en la educación y maduración de la fe de sus ahijados.

Los padrinos de bautismo deben ser católicos, tener más de 16 años, haber recibido la Primera Comunión, haber hecho la Confirmación y llevar una vida congruente con la fe y la misión que van a asumir. Además en caso de ser padrinos casados deben serlo por la Iglesia. No puede ser el padre o la madre de quien se va a bautizar.

¿Cómo son unos buenos padrinos de bautismo?

Los padrinos deben anhelar y demostrar que quieren tener una relación con el bebé y no solo con sus progenitores. Esto quedará demostrado en el grado de preocupación que demuestran durante el embarazo, en el acompañamiento de los primeros meses de vida del bebé y en el apoyo que le den a los padres, tanto afectivo como logístico, porque criar a un bebé implica muchos cambios y siempre hay alguien que está ahí para facilitar la transición.

El derecho canónico sobre los padrinos de bautismo

El derecho canónico instituye al padrino en guía del nuevo bautizado, pretende que sea en cierto modo su modelo de vida cristiana. El padrino ha de velar por el crecimiento espiritual del recién bautizado -niño o adulto-, acompañarle en sus primeros pasos en la fe, que aprenda, como de su mano, los fundamentos doctrinales y morales de la fe cristiana. Ya se ve que estas funciones son tan graves que en absoluto se pueden considerar de suplencia de los padres, en el caso de los niños que se bautizan: más bien se complementan con las funciones de los padres, por supuesto sin sustituirles.

Es posible bautizar a una persona sin designarle padrino: el canon 872 así lo prevé. Pero parece que -salvo en los casos de bautismos de urgencia por peligro de muerte- habitualmente siempre será posible designar un padrino al bautizando. Desde luego, en caso de urgencia, se debe bautizar a la persona aunque no se encuentre alguien que pueda ser designado como padrino, puesto que prima el derecho de la persona a recibir el sacramento que abre las puertas del cielo, sobre la norma eclesiástica de designar padrinos. En estos casos, si el neófito sale del peligro de muerte está previsto que se completen las ceremonias: y entre ellas se debe contemplar la designación de padrinos.

Los padrinos de bautismo son figuras referenciales que influirán en el desarrollo del bebé y que, si se los elige bien, serán de gran ayuda a lo largo de toda su vida.

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