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Síndrome de alcoholismo fetal (SAF)

Escrito por Covadonga / 5 de marzo de 2009

Beber alcohol durante el embarazo significa exponer a un gran riesgo al bebé. Será él quién sufrirá las secuelas de la falta de cuidado de la mujer que lo llevará en su vientre, para el resto de su vida.

No se debe tomar como una recomendación sino como una obligación el no beber absolutamente nada de alcohol durante el periodo de gestación. El alcohol es una sustancia muy dañina en general y más aún para un bebé, además por el momento no existen pruebas que aseguren exactamente cuáles son las cantidades de alcohol que pueden provocar anomalías en el feto.

El alcohol traspasa de manera muy sencilla la placenta y el bebé no está preparado para metabolizarlo de la misma manera que la madre. Su organismo es incapaz de asimilar esta sustancia que seguirá en su organismo durante mucho tiempo, pudiendo originarle lesiones fatales.

Secuelas de por vida

Este síndrome no tiene cura. Pero si se han realizado estudios que acreditan que un diagnóstico temprano de la enfermedad, antes de que el niño cumpla seis años, junto a una evolución en un entorno estable, puede reparar de alguna manera el cuadro del niño, a muy largo plazo.

En los tres primeros meses de gestación, cuando el feto está desarrollando su capacidad cerebral, la ingesta de alcohol evita que las conexiones cerebrales del feto se formen apropiadamente. Eso no significa en los meses posteriores se pueda beber todo lo que se quiera. Está demostrado que durante los últimos meses, el alcohol afecta peligrosamente al sistema nervioso, que se encuentra en pleno desarrollo.

Las secuelas del SAF se intensifican según se van haciendo mayores y se aproximan a la edad adulta. Es entonces cuando pueden producirse problemas de salud mental entre otros muchos.

Síntomas para detectarlo

Si durante el embarazo se ha bebido alcohol, no importa la cantidad, hay que vigilar alguno de los síntomas que nos pueden indicar si el pequeño sufre la enfermedad. Es básico consultar al especialista que será el que pueda realizar un diagnóstico adecuado.

Los síntomas más habituales son:

- Poco peso en el momento del nacimiento.
- Retraso del crecimiento y desarrollo.
- Problemas en el corazón, además de en otros órganos.
- Epilepsia.
- Problemas de coordinación y motricidad.
- Escasa capacidad de relación social.
- Poca imaginación o curiosidad.
- Retrasos en el aprendizaje, emocionales o de conducta.
- Poca retentiva y concentración.

El diagnóstico del síndrome no es sencillo. Para ello todas las personas del círculo del niño: médicos, profesores, padres etc. Han de estar al tanto de la evolución y observar al niño.

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