Papá en la sala de partos

La imagen que tenemos del padre de los años 50 es la de un señor muy preocupado que ronda la sala de espera del hospital en el cual ha ingresado su mujer, fumando un puro y caminando de un lado a otro. De pronto, se abre la puerta y aparece el médico frotándose satisfecho las manos y exclamando “felicidades, ¡es un niño!”.

Nada más lejos de esa realidad es loque hoy en día viven muchos de los padres. El momento del parto ha pasado a tener al padre como uno de los protagonistas de la escena: ya sea capturando con la cámara cada instante de ese proceso mágico por el cual una nueva vida llega al mundo, ya sea colaborando con la mujer en los ejercicios de respiración o secando su frente con un pañuelo. O incluso simplemente sosteniendo su mano y dándole ánimos. En efecto, hoy los padres han conquistado definitivamente su lugar dentro de la sala de partos.

Una decisión compartida

Que el padre esté o no en el momento del parto no depende solamente de lo que él quiera: lo primero es pedir autorización a la clínica y al obstetra en particular. Hay hombres que se ponen muy nerviosos en el momento del alumbramiento y hasta pueden obstaculizar al personal a cargo. Otros, por el contrario, ayudan a tranquilizar a la mujer y favorecen un parto más rápido y menos doloroso.

Así como hay hombres que, por temor a ver sangre, a las agujas, o incluso por no querer ver los genitales de su pareja en esta situación, se niegan a estar presentes en el momento en que ella dé a luz. Por el contrario, hay ocasiones en las que la propia mujer le pide a su pareja que no esté presente (porque saben que se pondrá nervioso, por ejemplo). De cualquier modo, es una decisión muy personal que debe ser acordada tanto por los médicos como por ambos padres.

¿Qué ocurre en el caso de las cesáreas?

Cuando es necesario realizar una cesárea o utilizar fórceps en el momento del nacimiento del niño, en muchas instituciones médicas no se les permite la entrada a los padres. Esto es porque se trata de procedimientos médicos más delicados: una cesárea, por muy frecuente que sea, no deja de ser una cirugía.

Sin embargo, en algunas clínicas se le indica al padre que permanezca junto a la mujer, que está conciente mientras se realiza el procedimiento, y aunque se cubre con una cortina para que no se vea nada hasta después de la operación, lo que se busca es que sí esté junto al bebé desde su primer minuto de vida.

Cuando el padre está voluntariamente presente en la sala de partos, entabla desde el principio un vínculo con su hijo y puede ser de gran ayuda para la madre. De esta manera, la experiencia del nacimiento se convierte en un momento muy rico también para el hombre.

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