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Los fórceps en el parto

Escrito por Ruth / 11 de febrero de 2009

Lo peor es su nombre. Su forma es un tanto impresionante y recuerda a algún instrumento de tortura, cosa que no constituye en absoluto este instrumento. Carece, para empezar, de cualquier dentición que pudiera dañar al bebé y las dos “cucharas” de las que se compone el fórceps son de perfil redondeado y totalmente lisas. Hay que imaginarse esas tenazas, más bien como una combinación de calzador y cuchara de reluciente cromado. Claro que su función no sería precisamente la de calzar al niño, si no más bien todo lo contrario, tratarían de tirar de él ayudando al pequeño a deslizarse hacia fuera y poder salir suavemente del aprieto.

Los fórceps constan de dos piezas y los médicos se refieren a ellas como las ramas macho y hembra: la primera presenta en el centro una varilla, la segunda el orificio correspondiente. El pequeño eje coniforme encaja en el orificio axial, constituyendo así la articulación o cierre.

Limpio como patenas

Los fórceps se disponen sobre la mesa de instrumentos listos a desempeñar su función auxiliar en cuanto la situación exija su intervención. Esto se dará cuando se requiera una deflexión, es decir, una corrección de la posición de la cabeza del feto dónde la presentación de cara suele dificultar o retardar la penetración de la cabeza a través de la pelvis, y el parto puede durar más que en la presentación normal o de vértice. En esta ocasión deberá intervenir el tocólogo ya que la extracción por vacío no servirá en este caso debido a que las presentaciones de cara prohíben el empleo de este método.

Se ganaron su mala fama en el pasado, no sin motivo. Un deficiente conocimiento científico y la falta de entrenamiento en materia tocológica dieron lugar a verdaderos daños y lesiones graves, en ocasiones mortales, de la madre o el niño o ambos. Han pasado a la historia los llamados fórceps altos de espeluznante recuerdo.

Los mitos alrededor de la práctica

La mayoría de la gente se estremece sólo en pensar que las cucharas del fórceps pudieran “enganchar” en algún sitio, como el cuello o la mandíbula, y que entonces se proceda a sacar el bebé a punta de palanca. Y es que en realidad, las curvas ramas se aplican en realidad algo así como si fueran auriculares, por encima de los oídos.

Tampoco hacen gancho en ningún sitio. Actúan más bien a través de una distribuida presión superficial, y la extracción no consiste tampoco en un estira y afloja, si no más bien, lo que el médico hace es practicar un tirón de prueba sin hacer mucha fuerza, para ver si el instrumento ha encajado bien y mueve la cabeza.

Una vez convencido de ello, aplica también la otra mano a las agarraderas y tira lentamente, extrayendo la cabeza con mucho tacto, dirigiendo el fórceps hacia arriba y muy poco a poco (este sentido de tracción concuerda con la presentación normal, de vértice)

La extracción con fórceps, tal como se la practica hoy día, constituye un método muy maduro, dominado y a la altura de la extracción al vacío. Y no olvidemos que, a pesar de pequeñas secuelas colaterales, estos métodos se emplean a menudo para salvar vidas.

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