Los buenos padres no permitan que el niño haga siempre lo que quiere hacer. Es fundamental reconocer los límites que nuestro hijo necesita y saber aplicarlos.
Varias décadas atrás, no había tantas dudas como en la actualidad sobre cómo poner límites a los niños. En muchas familias, la disciplina se imponía a través de reglas rígidas –que incluso incluían muchas veces castigos físicos-. La autoridad de los padres (del padre, sobre todo) no se cuestionaba.
Tras muchas generaciones marcadamente autoritarias, los padres de hoy han adoptado una actitud más blanda para con sus hijos. La estructura de la familia es, en algunos casos, más parecida a una democracia, y las voces de los chicos son tenidas en cuenta. Pero esto no significa que al niño haya que dejar de ponerle límites. Los límites para el niño son necesarios para formarse y para socializar.
Cuándo poner límites
Desde que es pequeño es fundamental que el niño vaya adquiriendo alguna noción de los límites. Así como a un bebé que está a punto de poner su dedito dentro del tomacorriente su mamá le gritaría sin detenerse a explicar por qué no debe hacerlo, existen situaciones en las que los límites son necesarios para evitar que el niño se dañe o lastime a otros.
Un berrinche estando en brazos de papá, por ejemplo, puede ser muy peligroso si el pequeño consigue soltarse y cae al piso.
A medida que crecen, es importante hablar con los niños y que comprendan los motivos por los que se les pone un límite. Pero de todas maneras, no hay que “negociar” con el niño. Éste tiene que aceptar que cundo mamá o papá dicen que no, es no. Los niños cuyos padres se dejan llevar por sus caprichos, seguirán siendo caprichosos.
Claves para que el niño comprenda los límites
Es bueno que, si se impone algún tipo de castigo al niño, esté relacionado con reparar el daño producido: por ejemplo, si vuelca el jugo de su hermano, deberá servirle de su propio vaso. Si se peleó con un amiguito la última vez que lo invitó a jugar a casa, que pasen unos días hasta que lo vuelva a invitar.
Es fundamental que mamá y papá, ya sea juntos o separados, o bien los padres y la escuela, mantengan un acuerdo con respecto a qué límites ponerle al niño. Límites claros y coherentes representan seguridad para el niño, lo ayudan a fortalecer su autoestima y a ponerse él mismo los límites más adelante.
Finalmente, además de reiterarle las reglas, es fundamental que los adultos prediquen con el ejemplo: de nada servirá reprimir a nuestro hijo porque acaba de decir una grosería frente a los invitados si cada vez que está la familia a solas los adultos utilizan ellos mismos un lenguaje soez.
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