Todo va de maravillas. Tu hijo es un bebe feliz. Come bien, ríe todo el tiempo y es la alegría de tu vida. Pero de repente, se torna lloriscón, y de noche se despierta entre llantos y gritos, como si tuviera una pesadilla. ¿Qué está pasando? Es la depresión del octavo mes, sentencia una vecina.
Ante todo, conviene hacer una consulta con tu pediatra de confianza, para descartar otros factores. Pero nada de mito, la depresión del octavo mes existe.
El teórico que desarrolló este concepto fue René Spitz, un psicólogo discípulo de Freud, quien centró sus desarrollos en la infancia, basado en las observaciones que hacía a diario. Spitz fue el primero en plantear la existencia del hospitalismo, es decir, la depresión que sufrían los bebes internados por largos períodos, quienes, debido básicamente a la falta de contacto físico y afecto, enfermaban y morían, más allá de la patología inicial que había causado su internación.
Llanto sin fin
No hay que asustarse cuando el bebe tiene estos episodios de llanto inexplicables. Se trata de una fase normal del desarrollo, relacionado con la ausencia del objeto amado. Si, tú eres su objeto amado. Se considera que en estas tempranas etapas de desarrollo, el vínculo madre-hijo forma una díada, una célula bastante cerrada al mundo exterior, cuya misión es garantizar la supervivencia del inmaduro cachorro humano, quien sería absolutamente incapaz de sobrevivir en el mundo sin ayuda externa.
La inmadurez de su sistema nervioso, impide a la criatura mediatizar las emociones y sensaciones, y darles un significado. Tener frío, hambre o sueño son todas cuestiones de vida o muerte. No hay forma de darles significado sino a través de la mamá. Por ejemplo, si tienes sueño, arbitras los medios necesarios y te vas a dormir. El bebe no puede hacer eso. Necesita que tú lo pongas a dormir. Él siente un malestar que conmueve todo su pequeño ser. Con la ausencia tuya, sucede lo mismo.
¿Por qué me abandonaste?
El bebe no tiene lo que denomina Piaget “construcción de objeto permanente”, en estas tempranas etapas. Lo que él no ve, no existe. No se da cuenta de que estás en tu cuarto, en el baño o en la cocina. La ausencia de la mamá es para él sinónimo de terror de ser abandonado.
Hay que tomar esta etapa como eso, armarse de paciencia y tener en mente que pronto logrará un desarrollo neurológico y emocional que le permitirá manejar las situaciones de separación momentánea.
Tags: construcción de objeto permanente, depresión del octavo mes, desarrollo neurológico, René Spitz
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