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Hiperactividad

Escrito por Ruth / 10 de octubre de 2008

Los niños son activos de por si. Corren, gritan, juegan incansablemente y nos piden que sigamos su ritmo sin llegar a entender de donde sacan toda su energía, buscando desesperadamente por debajo de su camiseta el interruptor que los pause por unos minutos. Pero en ocasiones esta actividad puede derivar en una energía excesivamente alta donde el niño se muestra inquieto, exigente, impredecible y especialmente nervioso. Es en éste caso cuando debemos prestarle más atención que nunca, observándolo y recurriendo a especialistas que nos ayuden a conducir su conducta.

La hiperactividad es un trastorno que agrupa una de serie de síntomas que forman un conjunto muy reconocible y más habitual del que pensamos. El niño tiene un corto margen de atención, se distrae a menudo y es excitable fácilmente. Tal vez usted conozca estos síntomas o los haya padecido de cerca, si es así, le ayudaremos a entender mejor las causas de esta enfermedad y posibles soluciones para tratarla.

Estos bebés, cuando empiezan a caminar, se muestran fácilmente frustrados y son propensos a rabietas. Son comunes los problemas con el habla, la audición y el equilibrio y, aunque son tan inteligentes como los demás niños, tienden a no desenvolverse bien en la escuela y a menudo no pueden concentrarse. En los bebés los signos de hiperactividad incluyen gritos prolongados, golpearse la cabeza e inquietud general y a menudo son etiquetados de difíciles o exigentes.

Los niños hiperactivos de cualquier edad son muy agotadores y a menudo resultan frustrantes para los padres, pero la hiperactividad suele desaparecer a menudo en la pubertad aunque a veces el trastorno se puede prolongar hasta la vida adulta.

Las causas pueden ser debidas a varios factores como: ligeros daños cerebrales al nacimiento de un parto prolongado o especialmente difícil; alergias a productos lácteos, derivados del trigo, vinagre, aditivos alimentarios artificiales (dulces y refrescos) y sustancias que contienen grandes cantidades de salicilatos (frutas, guisantes, vinagre y almendras); polución medioambiental, como el cadmio del humo de los cigarrillos, aluminio, cobre, mercurio, fluoruros, gases de escape y agua clorada; infección intestinal de candida; o a deficiencias de nutrientes como el magnesio, zinc, vitamina B6 y ciertos ácidos grasos.

Tratamientos

- Por el método ortodoxo descubrimos que las drogas como las anfetaminas o los excitantes como la cafeína o la teína parecen ser un tratamiento efectivo ya que, aunque parezcan una contradicción, estimulan el cerebro medio para reprimir la actividad externa. También se puede recurrir a la ayuda de un psicólogo infantil o consejero familiar.

- Otros tratamientos alternativos:

Naturopatía: contempla la intolerancia hacia algunos alimentos como causa principal, y proponen cambiar la dieta al niño teniendo en cuenta otros factores. Se sabe simplemente que sustituyendo comidas con altos aditivos por otras hechas de ingredientes naturales puede ayudar a mejorar.

Arteterapias: la música y la danza son útiles a la hora de canalizar a un niño hacia interacciones sociales que de otro modo pueden ser incapaces de mantener. Con éstas prácticas pueden expresarse libremente y manifestar sus sentimientos y problemas emocionales sin ser criticados.

Quiromasaje: puede calmar la hiperactividad manteniendo al niño inmóvil durante unos minutos mientras se aplica la terapia.

NOTA IMPORTANTE: Todos estos consejos no pretenden ser un diagnóstico en sustitución de ningún médico. Cualquier enfermedad debe ser seguida y supervisada por especialistas y estos consejos deben ser tomados como un complemento o ayuda a éstos.

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