En ocasiones, el miedo infantil puede esconder un trastorno conocido como fobia. Si ésta afecta el desarrollo de las actividades normales del niño, es importante tratarlas adecuadamente.
Es normal que los niños sientan miedo en algún momento. El temor en sí mismo no es algo malo, sino por el contrario es un sentimiento natural que, en ocasiones, ayuda a identificar un potencial peligro y a defenderse del mismo. Los niños van depositando sus miedos en diferentes objetos, personas o situaciones de acuerdo con su edad.
Pero, ¿qué pasa cuando el miedo es un sentimiento intenso, irracional y que el niño no puede controlar? En ese caso, puede ser que se trate de una fobia infantil.
¿Qué fobias padecen los chicos?
Existen distintos tipos de fobias, y todas ellas pueden ser padecidas, en algún momento, por un niño. Una fobia específica es aquella en la cual el niño teme a determinado objeto o circunstancia específica: miedo a las arañas, por ejemplo, o a los globos. También existe un tipo de fobia conocida como fobia social, que pasa por una timidez extrema: el niño se siente expuesto al hablar o al estar en grandes grupos de gente, y entonces puede tratar de evitar ir a la escuela o a una fiesta de cumpleaños, por ejemplo.
Hay que tener en cuenta que muchas fobias se originan en la infancia y se arrastran hasta la adultez. Pero en otros casos, los chicos logran sobreponerse a sus temores. Entonces, ¿cuándo hay que preocuparse? Pues sencillamente, cuando la fobia afecta la vida cotidiana del pequeño. Un niño pequeño puede sentir terror ante los monstruos, pero posiblemente termine por perder el miedo. En cambio, si ya con ocho o nueve años el chico no se atreve a salir cuando llueve por temor a mojarse, esto puede traerle problemas y es preferible consultar con un especialista.
Cómo ayudar a un niño fóbico
En primer lugar, como padres lo primero que debemos hacer es no subestimar el padecimiento de nuestro hijo: puede ser que las muñecas, las arañas o los payasos sean inofensivos, pero el sufrimiento del niño es real. Es importante apoyarlo y tratar de ayudarlo a sobreponerse a su miedo, sin por ello burlarse de él o menospreciarlo.
La primera consulta debe ser al pediatra del niño, que seguramente sabrá discernir si se trata de un miedo normal de la edad o si, por el contrario, es conveniente derivarlo con un psicoterapeuta. Por último: algunas fobias en la adultez se tratan con medicación, pero en el caso de los niños es preferible dejar este recurso como última opción. Existen diversas formas de ayudar a un niño a sobreponerse a una fobia, cosa que seguramente harán con nuestro apoyo y nuestro amor incondicional.
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