Apenas hace un momento, estaba en el seno de mi madre donde todo era seguro, caliente, suave, húmedo y oscuro. Después de mucho ajetreo una fuerte luz ciega mis delicados ojos y siento por primera vez lo que llaman en este mundo los efectos del estrés. He estado durante varias horas en el abismo de la asfixia y de pronto esa sensación desaparece y una luz hiriente, un ruido ensordecedor, una sequedad ardiente y un frío que contrae mis músculos, saturan mis sentidos dándome su peculiar bienvenida al que será a partir de ahora mi nuevo mundo.
Hace ya un tiempo que se viene investigando, de modo científico y psicológico, los efectos del parto visto desde el lado de su auténtico protagonista: el recién nacido. Antes del alumbramiento, el feto nada en aguas maternas en la paz más absoluta que se pueda concebir y es que allí dentro, todo es familiar, tranquilo y seguro. Su única preocupación será la de formarse sanamente y seguir existiendo, que no es poco.
De pronto, esa armonía se ve perturbada de forma violenta e inesperada. Su espacio vital empieza a estrecharse y ahora las paredes uterinas parecen querer aplastarle. Inevitablemente, el bebé se ve envuelto en un proceso angustioso y tenso del cual solo puede dejarse llevar sin comprender bien lo que le está sucediendo.
Llegaron las contracciones
Los músculos de la matriz se contraen y el bebé se ve dirigido forzosamente hacia la angosta salida del útero; un orificio más estrecho que su cuerpo por el que deberá lograr abrirse paso con la ayuda de su madre. Ambos deberán colaborar mutuamente en el que será el proceso más delicado del parto.
Al entrar en el conducto del útero su cabecita sufre una compresión brutal y los elásticos huesos del cráneo bailan fuera de sus junturas superiores. Las sensibles neuronas ven racionado el oxigeno y el tórax simula un torno de donde el agua amniótica de le los pulmones sale exprimida como si de una esponja empapada se tratase. Al quedar libres de opresión, sus pulmones se expanden súbitamente llenándose de aire. Su primer grito desencadena una revolución en su organismo que provoca el desentumecimiento de todo el cuerpo.
Cuando salen llegan atenuadísimos a sus oídos los ruidos del exterior, igual que como los percibimos cuando estamos debajo del agua, e incluso la voz de su madre ahí dentro, sonaba de manera distinta. Aquí se acabó la paz y comienza su peculiar lucha por la vida.
Tags: alumbrar, nacer, Parto
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