Todas las personas –tanto los niños como los adultos- sentimos miedo alguna vez. Pero no todos los niños se asustan de las mismas cosas. He aquí algunos consejos para comprender los temores de tu hijo.
En su justa medida, el miedo es un sentimiento muy saludable: nos sirve para estar alertas ante una posible amenaza, y es un indicador de que algo o alguien podría ser peligroso. Desde muy pequeños, los niños tienen temores, y es fundamental comprenderlos para poder ayudarles a lidiar con ellos, a separar el miedo a lo real del miedo a lo imaginario y a sobreponerse a los mismos.
Pero no todos los niños temen a las mismas cosas. Al ir creciendo, lo normal es que viejos temores infantiles sean superados y gradualmente vayan quedando atrás. Según cuál sea su edad, existen ciertas cosas a las que temen con frecuencia los niños.
¿Cuáles son los temores de los niños más pequeños?
Un bebé se asusta frente a los ruidos fuertes, y al ir creciendo comienza a percibir la fuente de esos ruidos (un perro que ladra mucho, un globo que estalla), de ahí que los niños pequeños en ocasiones desplacen el temor hacia estos objetos. Es frecuente también el temor a estar solo o al abandono, sobre todo a medida que el bebé comienza a percibir que su mamá no siempre está a su lado.
Cuando desarrollan el lenguaje y, a la vez, socializan con adultos del entorno y con otros niños, los pequeños comienzan a tener temores tales como los monstruos, los fantasmas, las brujas o los extraterrestres. Aún no cuentan con la capacidad de distinguir cuáles de estos temores están inspirados por seres reales y cuáles son imaginarios. Es importante acompañar al niño en esta etapa, no burlarse de sus miedos y calmarlo con ternura y paciencia.
¿A qué temen los niños mayores?
Cuando los chicos comienzan a discernir qué miedos son infundados, comienzan a desplazar sus miedos a hechos reales y concretos. Es normal que un niño que comienza la escuela ya no tiemble pensando en el hombre lobo, sino en que a casa entre un ladrón, o que mamá o papá puedan morirse. Y, cuando se trata de preadolescentes, los temores tienen que ver con situaciones cotidianas tales como el miedo a los exámenes, a no ser aceptados por sus pares o a fallarles a los padres.
En cada etapa de la vida del niño, es importante que como padres hablemos con nuestros hijos. Hay que hacerles saber que tener miedo no es algo de por sí malo, que todos sentimos miedo y que en nosotros está la capacidad de superarlo. Eso sí: si un miedo persiste al punto de interferir en la vida cotidiana o en la salud del niño, es fundamental consultar con el pediatra, pues podría devenir en una fobia infantil.
Tags: desarrollo, miedo, niño, Psicologia, temores infantiles
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