Si se sufre de esta afección en un embarazo, es muy probable que se repita en los siguientes. Incluso los síntomas pueden surgir antes y evolucionar más rápido, por tanto es importante buscar ayuda con la máxima antelación.
Es muy habitual apreciar un chasquido en la zona del pubis y el malestar puede bajar a la zona interior de alguno de los muslos o notarse entre las piernas.
El dolor suele empeorar si se separan las piernas, al caminar, al subir o bajar escaleras, o moverse en la cama. Es frecuente que se amplifique durante la noche y no deje dormir. Al levantarse para acudir al servicio en mitad de la noche puede resultar muy doloroso.
Fajas para sujetar la pelvis
El diagnostico se produce a través de una combinación de la propia descripción de los síntomas de la paciente y una serie de pruebas que buscan estudiar la estabilidad, los movimientos y el daño en las articulaciones de la pelvis.
Hacer uso de una faja para la pelvis puede proporcionar un rápido alivio. Incluso puede que se necesite movilización de la cadera, espalda o pelvis para corregir alguna de las disfunciones subyacentes del movimiento.
Los ejercicios — los destinados en especial para los músculos del abdomen y del suelo pélvico — componen una parte importante del tratamiento y están encaminados a optimizar la estabilidad de la pelvis y la espalda. La hidroterapia también puede resultar muy efectiva en ocasiones. La cirugía sólo se plantea cuando se trata de casos más graves de diástasis y por lo general no suele dar buenos resultados.
Terapias alternativas
Acudir al fisioterapeuta para que indique qué hacer para que las actividades corrientes sean menos dolorosas y cómo lograr que el parto sea más fácil es otra opción recomendable. Este profesional puede ayudar incluso a idear un plan para el parto que tenga en cuenta los síntomas del sufrimiento pélvico.
La osteopatía y la quiropráctica con terapias alternativas que resultarán beneficiosa pero es fundamental que se acuda a un médico con experiencia en tratar a mujeres embarazadas.
Nunca se debe forzar la realización de cualquier actividad si ésta está generando dolor. Si se continúa y el dolor se agrava, puede ser más complicado encontrar una forma de calmarlo posteriormente. El movimiento debe ser leve pero con frecuencia.
El reposo también debe ser regular y siempre sentadas con la espalda recta y bien descansada.
Hay que evitar en lo posible levantar o empujar cosas que resulten muy pesadas y que pueden provocar un dolor muy fuerte.
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