Dejar de fumar es mucho más sencillo si se tiene el apoyo del círculo social, esto puede ampliar las posibilidades de éxito. Si alguien cercano ha dejado de fumar en los momentos de ansiedad es recomendable llamarla para buscar un apoyo. Si en ese mismo círculo social existe un gran número de fumadores, habrá que pedirles el favor de que no lo hagan delante de la mujer embarazada.
Si la pareja también fuma, es muy bueno intentar que se deje a la vez, se tendrá un apoyo mutuo y será más sencillo abandonar el hábito. En el caso de que la pareja se niegue o se vea incapaz se le puede solicitar que no fume en casa o que lo haga por la terraza o el balcón.
Además de la táctica por la que se opte, una consulta con el médico puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Repetirse el motivo por el que se deja
El facultativo puede ofrecer información y sugerir sobre grupos de terapia de apoyo.
Nunca se debe olvidar cuál es el motivo que nos ha llevado a la decisión de dejar de fumar.
En el inicio, es muy normal que se sufran momentos muy duros. Si no existe una motivación muy fuerte, seguramente se tendrán serias dificultades para oponer resistencia a las ansias de fumarse un pitillo.
La mujer debe repetirse continuamente a sí misma el daño que el tabaco le puede hacer al bebé, cuando aún se encuentra en el vientre. Recordar repetidamente los beneficios de no fumar ayudarán a lograr semejante proeza.
Cuando se cuenta con un plan y la motivación suficiente, además del apoyo de la pareja y el círculo más cercano, es el momento indicado para lanzarse a superar el reto. Hay que ser más fuerte que la propia ansiedad.
No hay que castigarse si se fracasa
Si se cae en las garras de la nicotina, habrá que comenzar desde cero de nuevo. Tras las primeras semanas, el síndrome de abstinencia comenzará a remitir y la necesidad de fumar tendrá menos intensidad y aparecerá con menor frecuencia.
Si se cae en la tentación de encenderse un cigarrillo, no hay que atormentarse ni dejar de lado el objetivo. Muchos fumadores lo intentan en numerosas ocasiones antes de que se produzca la exitosa. Si se tiene una recaída no hay que castigarse pensando que se ha fracasado.
Hay que ser positiva, el tiempo que se haya pasado sin fumar, es tiempo que ni la mamá ni el bebé han estado expuestos al mal que produce el tabaco.
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