Libros, revistas para padres, folletos de divulgación y propaganda, manuales higiénicos… La embarazada de hoy día que quiera saber cual es la “conducta ideal” en sus circunstancias, se ve rodeada por una verdadera inundación de información en la cual es difícil que encuentre la regla más importante para pasar un embarazo: no hay que volverse loca con tantas reglas. El embarazo no es ninguna enfermedad, y la definición, que incluye tanto el proceso biológico como psíquico de la madre, más acertada lo define como ‘un estado de excepción normal’.
La naturaleza es la primera interesada en la conservación y multiplicación de sus especies y por esta razón el proceso reproductor está defendido contra toda clase de trastornos y accidentes, mediante medidas de seguridad de tipo orgánico que cuidan de que el proceso llegue a buen fin. Incluso bajo las condiciones existenciales más extremas, en medio de guerras, de catástrofes naturales, epidemias y hambre… se han concebido, gestado y traído al mundo niños sanos.
Sin duda alguna, la conducta a seguir debe ceñirse más al adecuado ajuste de la mujer consigo misma que a seguir unas estrictas pautas con mil y una reglas que en ocasiones confunden y estresan a la embarazada más que guiarla.
¿En qué consiste ese ajuste de adecuación?
La mayoría de las mujeres necesitan ayuda para conseguir ese equilibrio consigo mismas durante el embarazo. Las consultas al ginecólogo, el asesoramiento de las escuelas de maternidad, la gimnasia pre-parto, las visitas a la matrona… basan sus orientaciones en un principio elemental: quitar miedo y darle ánimos a la madre para prevenir al máximo los trastornos del desarrollo fisiológico y potenciar su salud psicológica y espiritual.
También podría resultarle un estímulo el redescubrir su propio cuerpo ante una situación nueva para su organismo, que empezará a cambiar y evolucionar, y con ello, a requerir hábitos y necesidades nuevas en: el sueño, la comida, la digestión, la respiración, el olfato, el gusto, la vista y el tacto… que la gestante deberá aprender a asumir con naturalidad y sin agobios.
Debemos pensar que todo sigue dentro de un proceso natural que requiere de estos cambios, ya que el cuerpo de la madre debe adaptarse y acomodar a un nuevo inquilino en su interior, y que éste, debe ser correspondido. Llegar a este complejo punto necesita, como todo en la vida, un proceso que siempre procurará ser complementario y beneficioso para ambos organismos, pasando de ser dos extraños a formar un solo uno.
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