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“El niño todavía duerme con nosotros”

Escrito por Mariana / 22 de septiembre de 2009

Se conoce con el nombre técnico de colecho a la modalidad de hacer dormir al niño junto con uno o ambos padres a una edad avanzada. Esta práctica recorre todas las clases sociales y es sumamente perjudicial tanto para el pequeño como para los adultos.

Todo comienza de manera sumamente inocente: una madre o un padre que no pueden hacer que su pequeño bebé concilie el sueño, y, cansados ellos mismos de tantas horas en vela, lo recuestan en la cama matrimonial. El niño logra conciliar el sueño. Y la noche siguiente, se repite lo mismo. Poco tiempo después, ya ni siquiera se intenta hacer dormir al bebé en su cuna. A veces es papá el que, buscando su espacio, termina durmiendo en el cuarto destinado al niño.

El colecho es un fenómeno que se da en familias de todas las clases sociales. En el caso de familias de bajos recursos, a veces es porque no hay opción. Pero también ocurre en familias sin problemas económicos. Los motivos que llevan a los padres a llevar a los niños a dormir con ellos pueden ser varios: desde la sobreprotección hasta la comodidad, pasando por problemas de pareja. En este caso, uno o ambos miembros “usan” al niño para tapar las dificultades que vienen con la intimidad.

¿Siempre se trata de colecho?

Los especialistas en salud infantil no consideran que se trate de colecho cuando un niño está enfermo, y los papás lo llevan a su cama sólo por esa noche. O cuando los pequeños han acudido al dormitorio de los padres durante una noche de truenos y relámpagos, buscando protección.

O si se trata de una ocasión especial, en la que el niño está muy afectado por la pérdida de un ser querido, un cambio de escuela o una mudanza. El colecho se caracteriza por ser una práctica habitual: cuando el niño duerme con uno o ambos padres cuatro horas por noche, todas y cada una de las noches.

Un hábito nocivo

Se trata de una práctica más habitual de lo que se admite: las familias de clase media y alta no suelen admitirla porque saben que está mal vista. Y con razón: el colecho tiene siempre consecuencias negativas, comenzando por los trastornos de sueño.

En efecto, los horarios de los niños no tienen que ser los mismos de aquellos de los adultos. Pero, por sobre todas las cosas, a los padres que educan a sus niños bajo esta práctica, les resulta difícil inculcarles nociones de independencia y de intimidad.

Es fundamental saber que terminar con el colecho es siempre responsabilidad de los adultos, nunca de los niños, que aceptan como naturales las costumbres de su casa. Y la mejor manera de romper el hábito es la de explicarle a los chicos, con paciencia y amor, por qué tienen que dormir en su propio cuarto. Y si no se sabe o no se puede romper con la costumbre, saber que siempre se puede pedir ayuda profesional.

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1 comentario

  1. Laura

    No se ha demostrado que el colecho sea un hábito nocivo, me parece que es importante desmitificar esta clase de cosas. El colecho fue la forma natural de dormir durante millones de años, pero por diversas situaciones fue prohibido.
    Mi hija duerme conmigo desde recién nacida porque no tenemos otra posibilidad. Cuando tuvo su propio cuarto fueron contadas las noches que durmió en él y ahora estamos en plan de mudanza así que continúa durmiendo conmigo. Mi hija no tiene trastornos del sueño, es sumamente independiente a pesar de su corta edad (2 años y 3 meses) y aprende en el día a día lo que es la intimidad. El problema no es del colecho, el problema es de los padres.
    Cada caso es diferente y debido a que no hay información clara sobre lo mucho que perjudica o no el colecho (al igual que no la hay de los chicos que duermen solos) los médicos deberían limitarse a acatar la voluntad de los padres. Si colechas o no debería pasar por una experiencia personal y no por una norma sin mucho sentido.

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